Hacia el simbioceno: La lucha por el socialismo
- Oscar Rivas
- hace 58 minutos
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Hacia el simbioceno[1]:
La lucha por el socialismo
Oscar Rivas Monge
“Quizás nuestra especie destruyó tanto más “su” medio
en la medida que no era precisamente suyo”.
- F. Raphoz
Hay cierta actitud individual y colectiva en la que no reconocemos nuestra profunda relación con el entorno, algunos nos hacen ver como el virus de la naturaleza otros siguen su percepción y/o concepción desde el “pecado original” de índole religioso, pero ninguno se atreve a hablar de la profunda dependencia e interacción entre lo que se ha llamado ser humano, otros seres vivos y una totalidad que es un hecho que se escapa de nuestra manos – y de nuestro conocimiento- y que, por lo tanto, hemos nombrado a lo largo de la historia con diferentes nombres.
Desde nuestra concepción, traspasada por obviedad por la sociedad en que vivimos, no hemos hecho nuestra la evidencia de que somos producto de la naturaleza y que no es posible nuestra existencia sin esta: tanto así que somos y dependemos de la microbiología. Puede que esto venga de la negación de “nuestra madre” por habernos dejado en soledad en las florestas cuando no existía ni siquiera una pequeña porción de bipedismo y no podíamos ver por medio de los pastizales: estábamos indefensos. Aún lo seguimos estando, pero con más herramientas.
En ese entonces ni siquiera teníamos algo de conciencia para poder entender que fueron circunstancias no ideales (relación con nuestro entorno) las que nos llevaron a esta situación donde la naturaleza (seres vivos, condiciones del clima, nuestra condición de ser una “especie nueva”) se presentaba como enemiga y por lo tanto, muy a pesar de que tampoco éramos conscientes de que ese conflicto nos empezaba a liberar la mano para dar con nuestra capacidad de transformación de la materia y una visión que se empezaba ampliar conforme se establecía el bipedismo que nos daba la capacidad de imaginar y “salirse de los límites materiales inmediatos”; nuestra capacidad creativa.
Conforme se fue desarrollando nuestra historia (pre-historia para Marx) y se desarrollaron más la técnica y las herramientas empezamos a “entender” un poco más de los movimientos de la materia, del mundo en el que estamos y dimos con elementos más sofisticados para nuestra sobrevivencia, sin embargo, esto llevó a alejarnos tanto de la naturaleza que vimos posible su sometimiento y el de nuestros pares. El conocimiento de la agricultura y la posibilidad del excedente dieron con más división entre sectores de la sociedad y, por lo tanto, el establecimiento de clases: una desposeídas y otras que se quedaban de una u otra manera con lo generado por el grueso de la humanidad. Esto aún lo tenemos presente en otras formas en la sociedad capitalista y seguimos, negando a “nuestra madre” y con más fuerza también a “nuestro padre”: el trabajo. El medio por el cual hemos sobrevivido y el medio que ha hecho posible todas nuestras creaciones; entendiendo al trabajo como nuestra capacidad de transformación de la materia.
Hago esta introducción para ubicarme dentro de una concepción marxista del mundo (mejor dicho, materialista dialéctica) y generar una revisión de lo que para este sujeto es de los mayores descubrimientos contemporáneos: somos una especie en construcción [2] . Desde el momento en que “la naturaleza nos abandonó” empezamos un camino propio del cual aún ni siquiera somos conscientes y que nos tiene en la encrucijada de: o nos establecemos como especie o es posible nuestra extinción.
En toda esa maraña que llamamos historia hemos pasado por diversos estadíos donde uno contiene al otro desde el estadio físico, pasando por el químico y biológico llegando al social forman parte de nuestra composición como un ser que aún no ha llegado a insertarse en los ciclos materiales (ciclos naturales) y que hoy está totalmente entregado al capital. En ese caminar hemos dado con teorías para intentar comprender donde estamos, nos hemos peleado con los “dioses”, hemos fragmentado el conocimiento en ramas y hemos dado con el conocimiento científico que nos ha acercado a comprender a la materia, pero esta sigue siendo algo lejano para nuestro entendimiento, bastante ajeno a mi parecer.
En medio de todo esto nos topamos a un Darwin que nos dio la revolución de encontrar o dar con la evidencia de la evolución, y nos llevó a ser semiconscientes de nuestra íntima relación con la naturaleza y de nuestros antepasados biológicos. La postura en la teoría de la transmutación de las especies de Darwin “Decía: “Platón dice en el Fedón que nuestras “ideas necesarias” surgen de la preexistencia del alma, no se derivan de la experiencia. Léase monos en lugar de preexistencia””[3]. Acá es posible ver como empezamos a romper nuestra postura antropocéntrica (coloca al ser humano como centro de la vida) y nos empezamos a reconocer como “especie natural”.
Sin embargo, como todo hecho tiene dos caras, Darwin pecó también de ser hijo de su época y basó mucho de su teoría en términos derivados del propio capitalismo incipiente, términos como competencia o adaptación son solo un par de ejemplos. Ni que decir la escogencia de una sola especie de mono que daba con lo que se buscaba que era el paso de la “animalidad a la civilización” dejando de lado muchos otros ejemplos de primates que hacían visible todo el comportamiento contrario al primate patriarcal, celoso y agresivo [4] y que, en ese entonces, pues justificara el transcurrir de la historia que tenía su cúspide en el capitalismo.
Ahora bien, lo que en estos párrafos me interesaba hacer visible es como hasta hace unos pocos siglos empezamos a romper con la idea de ser algo separado de la naturaleza y empezar a reconocer nuestro origen natural. Una vez más, agregamos otro argumento a la concepción materialista dialéctica de que somos una especie en construcción (véase esto hasta términos biológicos).
Lejos de los argumentos teleológicos (entendiendo esto como un destino ya escrito) es la lucha por ser, de una vez por todas, una especie dentro del ecosistema. Acá entra la dialéctica de la vida donde, así como en todo hecho natural está la muerte y la vida presentes, también lo está en nuestra historia. Bien diría Freud, nos acompaña tanto el instinto de eros (pulsión por la vida, amor y creatividad) como el instinto de thanatos (pulsión por la muerte, agresión, destrucción). Depende de nosotros lograr que uno se imponga sobre el otro.
Teniendo un poco más claro esto debo volver al título del texto, ¿Por qué hacia el simbioceno? ¿Qué tiene que ver esto con el socialismo? Acá intentamos alejarnos un poco de las ideas darwinianas de su conceptualización materialista de la vida, no por su materialismo el cual se reivindica, sino, por lo que se expuso en párrafos anteriores de su “pecado” de caer en la conceptualización desde términos del capitalismo incipiente y la escogencia de un “origen” apartando otros ejemplos que no cabían en la idea moderna de mundo de seguir una línea “hacia la civilización”. La vida es posible desde la interacción donde si bien la competencia es un elemento, no es el único y, de hecho, se da en ocasiones esporádicas dentro de la naturaleza. Cito a Despret la cual cita a Kropotkin:
El primer error de Hobbes – explica Kropotkin- fue pensar que la humanidad comenzó bajo la forma de pequeñas familias aisladas, del tipo de las familias limitadas y temporales de los grandes carnívoros. Las observaciones de algunas especies escogidas de primates parecen confirmar esta hipótesis. Pero todo descansa sobre un desconocimiento total de los primates. Pues fuera de algunas especies de monos, “cuyo declive no deja lugar a dudas” – declive que explica esa organización excepcional como la que encontramos en el orangután o el gorila-, ningún grupo de monos vive en pequeñas familias aisladas que vagan por el bosque. Al contrario, viven en bandas muy socializadas. Y la misma estructura de esas bandas -dice Kropotkin- vuelve muy improbable la existencia de un “macho fuerte y celoso” [5].
En esto último, siguiendo a Kropotkin, pero mucho más a Despret, se tiene algo revelador que nos acerca a la idea de la necesidad de interacción o más bien la necesidad de hacer consciente la interacción entre la especies y más que esto, el hecho de que unas puedan convivir con otras, entablando así una partitura[6] (un lenguaje colectivo), las especies han entendido su rol dentro del ecosistema desde su relativa autonomía. Para esto ocupamos dotarnos de otras herramientas, salir de la lógica de laboratorio que pretendía entender hasta nuestro “origen” aislando especies de su hábitat natural y crear dispositivos que dialoguen con la naturaleza la hagan hablar [7], la acaricien.
Lo más importante de esto último es que la apertura a otra naturaleza a otra concepción de mundo, siempre dentro del materialismo dialéctico, da la posibilidad de esos otros dispositivos, técnicas, “otra ciencia” que nos acerque un poco más como especie, al porqué es necesario dar el paso hacia el simbioceno. Término que utilizo acá, reivindicando a SA [8] , debido a que apunta al juicio de que aún no podemos hablar de que somos una especie, es un término que se aleja un poco de lo sociológico y apunta a lo biológico. La necesidad de otro tipo de interacción ecológica para/con el medio y otras especies para poder sobrevivir y entrar en la naturaleza a tocar la misma partitura que al día de hoy aún nos mantiene vivos y sucede y se recrea día con día.
El simbioceno hace acá referencia al quiebre con la lógica capitalista que tiene una relación de destrucción de la naturaleza por su lógica de acumulación de capital y aumento de la ganancia, invita a pensar en la necesidad de la simbiosis con otras especies como única forma de entendernos y naturalizarnos de nuevo, y de cierta manera humanizar también la naturaleza integrando un elemento nuevo en ella: el homo sapiens hominis[9].
Ahora bien, la única forma que existe de dar el paso al simbioceno es la lucha por el socialismo. El socialismo es esa relación con la naturaleza donde se reestablece el metabolismo con la naturaleza y esta no se sobreexplota, un “volver a la madre” pero pasando por todo el aprendizaje de la niñez de la humanidad en la que aún estamos. Es la relación del ser humano con el medio reivindicándose en su práctica como especie natural, es donde la mayoría de la humanidad, las y los trabajadores, reconocen su interdependencia y su capacidad creativa, y la necesidad de interactuar en el mundo con las otras especies del planeta. La connotación política del socialismo está en que es necesario pasarle por encima a la clase que hoy no deja que esto suceda y haga imposible el paso al simbioceno: la clase burguesa y el sistema que la hizo posible y que esta perpetúa, el capitalismo.
[1] Le pedí prestado el concepto al filósofo Glenn Albrecht.
[2] Esto no es mío se lo debo a SA (sus siglas para guardar su anonimato) mi principal mentor y por quién hoy sigo reivindicando el marxismo. Varios jóvenes topamos con la suerte de llevar un curso de marxismo con esta persona por ahí del año 2008-2009 con un texto base llamado “Introducción al pensamiento de Marx” de Milcíades Peña. El curso realmente fue más de SA que de Peña ¡Por dicha!
[3] John Bellamy Foster citando a Darwin en su libro La ecología de Marx.
[4] Despret, V. Cuando el lobo vida como con el cordero.
[5] Ídem.
[6] Despret, V. Habitar como un pájaro.
[7] Despret, V. Cuando el lobo viva con el cordero.
[8] Las siglas de mi mentor, guardando su anonimato.
[9] Como lo gusta llamar a SA y hago mío el concepto.


