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¿Es suficiente el reciclaje?

  • Foto del escritor: Oscar Rivas
    Oscar Rivas
  • 29 ene 2023
  • 3 Min. de lectura

¿Es suficiente el reciclaje?

Escribió: Óscar

NSR-CR


Bajo las circunstancias actuales donde el capitalismo cruje en todas sus áreas, su condición de agotamiento es cada vez mayor y las condiciones de vida obligan a la sobrevivencia, no puede haber respuestas “medias tintas” aunque así se quisiera y es que esto no es cuestión de deseo, son los límites que impone la materialidad y las reformas en la etapa capitalista actual tienen mucho menos espacio que en épocas anteriores ya que el carácter monopolista es mayor y la pretendida “democratización del capital” deseada por algunas corrientes del espectro de la izquierda no tiene cabida en un mundo donde la sobreacumulación de capital es detonante de la crisis: estamos ante el comportamiento natural del sistema capitalista.


Si se repasan los hechos históricos de las últimas décadas dentro del continente y lo que en algún momento se denominó “bolivarianismo”, tenemos un claro ejemplo de lo expuesto en el párrafo anterior. Este tuvo cabida porque aún dos décadas atrás había cierto margen en el mercado global para la venta de materias primas y se abrieron las puertas para el “resurgir” de una burguesía cuasi-nacionalista (burguesía que había sido golpeada por los tratados de libre comercio), todo este fenómeno apoyado en un movimiento de masas, lo cual no deja de ser reivindicable, que de una u otra manera se oponía y se opone a las políticas generales del imperialismo yanqui.


Sin embargo, y dejando atrás el idealismo, las direcciones de estos procesos (Lula, Kichner, Ortega, Zelaya) al agudizarse la crisis es imposible su no corrimiento a la derecha, porque la lucha de clases se recrudece y obliga a dar un paso al frente o bien, a la adaptación a las condiciones globales del juego capitalista. Los movimientos populares siguen en resistencia y vuelven a depositar la confianza en estas direcciones a falta de una dirección revolucionaria.


Si bien un sector burgués se ha visto beneficiado con estos proyectos, además de ciertas conquistas o recuperación de conquistas por parte de la clase trabajadora, el propio proyecto choca con la objetividad, el margen de acción se ve limitado y se empieza a dar el fenómeno de turnarse el poder entre la llamada izquierda y una derecha cada vez más rancia que respondiendo al fenómeno de recrudecimiento de la lucha de clases no está dispuesta a seguir compartiendo el poder.


De ahí que es posible entender lo que sucede en Perú y lo sucedido recientemente en Brasil. Castillo ha sido destituido en un golpe de estado blando y en Brasil ha habido claras protestas golpistas a las cuales Lula ha reaccionado con confianza en las mismas instituciones que lo encarcelaron, le hicieron el “impeachment” a Dilma y reconocieron al protofascista de Bolsonaro las pasadas elecciones. Si hoy Lula no ha corrido con la misma suerte que Castillo es porque el imperialismo, débil por la propia crisis sistémica, está dividido en sus decisiones con un Bolsonaro que coquetea más con los Republicanos y es un “tiro al aire” en el sentido de con quién va a hacer negocios (tuvo acercamientos con China y Rusia). Aunque suene paradójico Lula es mucho más confiable para los demócratas que el fascista de Bolsonaro abonado a que el Lula 2.0 no es ni siquiera la sombra de su primer mandato, fenómeno generalizado en el “bolivarianismo 2.0”. Esto se resume en sus propias palabras cuando se ha negado profundizar el movimiento que lo llevó al poder con “yo no voy a hacer una revolución”.


Ahora bien, todo es cuestión de tiempo. La historia ha demostrado que la confianza en las instituciones burguesas solo lleva o al golpe de estado o a un gobierno muy limitado que simplemente le vuelve abrir el espacio a quienes han gobernado siempre. La socialdemocracia y sus variantes son la antesala de un gobierno fascista o protofascista, basta con ver la historia latinoamericana.


Esto no niega la unidad de acción contra las intentonas de golpe y el apoyo a Lula para vencer en las elecciones a Bolsonaro, hay que frenar todas las corrientes burguesas desesperadas protofascistas que quieren el exterminio físico de cualquier movimiento popular y son la respuesta y la muestra de la decadencia del sistema. Tampoco es posible afirmar que Lula es suficiente para vencer a la burguesía en todas sus variantes por eso partimos que debe haber una política de apoyarse en la resistencia popular y no confiar en la institucionalidad burguesa caracterizada por ser golpista, antiobrera y militarista; de no apoyarse en el movimiento de masas es sabido que “la suerte está echada”.


Dicho esto, es que volvemos al título de este posicionamiento y es que ni en lo ambiental ni en lo social es suficiente con el reciclaje, hay que proponer una salida al sistema capitalista y en lo coyuntural impulsar cualquier rastro de movimiento antifascista, confiar en la fuerza de abajo y empezar a romper con esa institucionalidad burguesa que solo responde al capital.

 
 
 

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