top of page

Elecciones 2026: Cuando los de abajo no quieren y los de arriba no pueden

  • Foto del escritor: Oscar Rivas
    Oscar Rivas
  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura

Elecciones 2026: Cuando los de abajo no quieren y los de arriba no pueden


Escribió: Oscar


Para los socialistas las elecciones no son la política son un simple reflejo o un termómetro de esta. Detrás de candidatos, campañas, planes de gobierno hay financiamiento y están los que verdaderamente mandan, los socios de las empresas extranjeras, grandes importadores, grandes exportadores y el narcotráfico. Se sabe, por historia, que el partido burgués de preferencia ha sido y es el PLN, principal ficha de la burguesía para moldear el estado a su favor desde 1948. Sin embargo, la lucha social en su momento (hoy totalmente enterrada por las derrotas del “No al TLC” y el “Combo fiscal”), el hartazgo de la población y sobre todo la crisis profunda del sistema capitalista han generado que el panorama cambie y tenga sus expresiones electorales.


Hace 12 años la población (con el triunfo de Fernández sería la cuarta elección) mostró su descontento en las urnas y rompió con el bipartdisimo histórico, la dictadura del capital detrás del PLUSC dejo de ser gobierno (cosa muy diferente a dejar el poder) y dio su confianza al “cambio”, un PAC que se colocaba como este ya que venía de la lucha contra el TLC con Estados Unidos y recogía algunos sectores de lucha. Al final, todos conocemos la historia, terminó siendo un refrito del PLN y hasta aplicó las medidas que este no había podido por la lucha social: el combo fiscal y la ley antihuelgas.


El PAC fue el gobierno de la clase media en su afán de no desaparecer, la mezcla de un clima político de “izquierda” en el continente, el desgaste de la política tradicional y la no confianza en la democracia, y lo más importante un imperialismo yanqui que perdía terreno en la región y una burguesía nacional reflejo de esto y de la crisis general sin proyecto, donde empezaba a profundizarse la ofensiva contra lo que quedaba del Estado Social de Derecho burgués. Llegaba a Costa Rica, de forma tardía, la reconfiguración capitalista en una coyuntura donde lo público es convertido en negocio, el estado pasa a ser un simple ente fiscalizador de los grandes capitales y el aumento de toda la política de extracción de capital por medio de medios ilícitos alrededor del narcotráfico, el tráfico de personas, el mal llamado “turismo negro”, y todos los “males” de un capitalismo que dejó de ser productivo y es cada día más especulativo.


En medio de todo esto la clase trabajadora, campesina y las clase populares no vieron ningún cambio y el gobierno “gay y socialista” terminó siendo igual o peor que todos los gobiernos del PLUSC, este se limitó a responder a algunas demandas de derechos democráticos dentro de la clase media y siguió la misa línea económica de regalar el país al capital extranjero y romper definitivamente con el Estado Social de Derecho burgués que responde a una etapa capitalista ya enterrada desde hace décadas. Este experimento con el PAC terminó de “mandar a la lona” cualquier corrimiento a la “izquierda” de la población y se unió al fracaso del progresismo en todo el continente que nunca tocó la estructura capitalista y dejó intacto a los culpables de la crisis.


Llegó el turno de los antiestablishment, de los “anticasta política”, de los Trump, de las figuras que recogen el descontento de los de abajo y el no actuar de las burguesías tradicionales, agregado a uno de los aspectos más importante: un imperialismo yanqui, reflejo de la decadencia, cada día más fascista. El fracaso de la socialdemocracia en todo el continente, la profundización de la crisis capitalista, el crecimiento de China y Rusia, la caída del dólar, llevaron al gobierno a figuras como Bukele, Noboa, Chaves, Milei y más recientemente a Fernández en el país y Asfura en Honduras. Con la voz del cambio que dejó botada el progresismo y demostró no hacer, así llegaron estos representantes de una coyuntura que va más allá de sus caras y sus programas, representa el carácter más fascista de una momento histórico que se puede catalogar como “demofascista” donde la política se balancea y tiene una mezcla de democracia burguesa y fascismo, sin que este último haya llegado a consolidarse, aunque la balanza ahora si está más inclinada al fascismo.


Lo nacional no puede ni debe ser visto aislado de lo internacional, la figura de Fernández apadrinada por Chaves, no viene de una burguesía fuerte con proyecto país, son producto de un imperialismo que ha perdido fuerza como hegemonía y en su desesperación saca su verdadera fascista y la falta de una organización y propuesta revolucionarias. Nunca ha estado más débil la estructura capitalista como actualmente lo está, pero también, nunca ha habido más falta de dirección revolucionaria abajo, en la clase trabajadora y campesina. Hemos empezado a vivir la lucha de clases de forma más encarnizada, pero a destiempo, sin herramientas, sin organización, con “alternativas” que se quedan defendiendo un Estado Social de Derecho ya inexistente y que no entiende que este tuvo lugar en otras épocas del capitalismo y con las voz del “cambio” entregada totalmente a la lumpenburguesía (burguesía sin proyecto y reflejo de un capitalismo parasitario).


Hoy por hoy, tenemos un ataque feroz del imperialismo y es lo que ya presenciamos en Venezuela, Cuba, Irán y por supuesto, en Palestina todo en conjunto con su creación, su “perrito fascista”: el sionismo. Este imperialismo es más débil que en cualquier otro momento de la historia del capitalismo, pero es necesario dar un paso al frente con propuesta y organización propia porque no va a caer por sí solo, vendrá más barbarie. En conclusión, no podemos ver el triunfo de Fernández de forma aislada, es la consecuencia de muchos factores, pero donde todos son traspasados por una burguesía que no puede, no tiene proyecto y una clase trabajadora que no quiere tomar el poder, y se lo delega, reflejando el miedo a la libertad (dar el paso a comandar sus propias vidas), a figuras que se presentan como la solución a un problema estructural y que no tiene salida dentro de los límites que impone este sistema.

 
 
 
cubito
  • Negro del icono de Instagram

©2020 by nsr-cr

bottom of page