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Cuando los de arriba no pueden y los de abajo no quieren: la crisis de dirección es el mayor faltante de la humanidad.

  • Foto del escritor: Oscar Rivas
    Oscar Rivas
  • hace 22 horas
  • 4 Min. de lectura

El fácil perderse en el fenómeno, en lo inmediato, en aquello que “no genera dudas”, sin embargo, el conocimiento de los hechos no está en la inmediatez, por el contrario, se hace visible rasgando la historia, sabiendo que lo actual es producto de un lapso prologando de tiempo e implica el análisis de como es posible el estado actual del capitalismo.


                Hace más de 100 años el estado de las cosas como se conocen crujió y se dio lo que para quién escribe es la revolución más profunda que ha tenido la especie humana: la revolución rusa o revolución bolchevique. Por eso días se estaba dando la primera guerra mundial y quedaba demostrado como el capitalismo entraba en su etapa de decadencia; la estructura capitalista de propiedad privada choca con las fuerzas productivas desarrolladas, por lo que se entra en un período de destrucción de fuerza productiva (destrucción del conocimiento, destrucción a ultranza de la naturaleza, destrucción del ser humano, represión a toda la amplitud humana, reducción de todos los deseos al simple deseo de tener, hiperalienación al capital). Es decir, el capitalismo empezaba a demostrar el porqué no podía seguir siendo la estructura económica-social que dirija a la humanidad.


                La llamada Segunda Guerra Mundial, continuación de la primera, debido a que la Revolución Rusa le había puesto un freno, ponía aún más claro lo anterior, y hacía ver lo que Lenin llamaba imperialismo: la unidad del capital productivo con el capital ficticio y a este como el estadio superior del capitalismo: se agudizaba la decadencia o el creciente agotamiento sistémico. En medio de esto, se dio el fascismo, el nacionalsocialismo y el hecho más importante para poder entender le porqué el capitalismo aún no ha llegado a su extinción: la traición de la Revolución Rusa por medio del estalinismo, y es acá, del porqué se plantea que lo que se muestra de forma inmediata no es la verdad o es solo la forma de todo el contenido que hay detrás, aún el movimiento de masas no se ha levantado de esta derrota.


                La segunda mitad del siglo pasado estuvo marcada por revoluciones y por un sinfín de direcciones de las cuales ninguna llegó a ser socialista revolucionaria: socialdemócratas, guerrilleras, nacionalistas, democrático burguesas, protosocialistas. Esto no es gratuito, es la consecuencia de la derrota sin precedentes de la revolución más profunda que tuvo, hasta el momento, la humanidad y que no fue solo una derrota ideológica también lo fue física donde murieron o asesinaron a los mejores cuadros de la humanidad. Al día de hoy, no nos hemos podido recuperar de esta derrota y de ahí la inexistencia de propuesta y de un partido socialista revolucionario.


                Lo que pasa hoy en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el genocidio al pueblo palestino, la caída del progresismo en Latinoamérica, la escalada en el continente de la burguesía parasitaria (ultraderecha), la resistencia iraní, palestina, libanesa, el golpe que parece estar sufriendo los yanquis y el sionismo en lo que llaman oriente medio, la arremetida contra Cuba y Venezuela, el crecimiento chino, la decadencia que muestra la burguesía norteamericana se enmarca en lo expuesto anteriormente: un capitalismo en creciente agotamiento y un movimiento de masas acéfalo, sin dirección.


                Hoy, la dirección del capitalismo mundial, el imperialismo yanqui y sus aliados, dan signos de la mayor decadencia de su historia, Trump no es solo un personaje es el fiel reflejo de esto y en términos concretos económicos el sistema aún no se recupera de la crisis del 2008, donde a pesar de concentración de capital en pocas manos se ha dado el agotamiento de mercados, la sobreproducción de mercancías y se corrobora la tendencia decreciente de la taza de ganancia mundial. Una vez más aquello que decía Lenin de la fase superior del capitalismo se corrobora; y es que el pensamiento inmediatista niega los lapsos de tiempo, el desarrollo de la cosas y cae en el simplismo, cree que lo actual es por arte de magia y deja de lado los conceptos de etapa, lapsos y que el desarrollo de un hecho puede durar años y hasta siglos.


                Los socialistas revolucionarios no esperábamos nada del capitalismo y por eso veíamos venir su decadencia por lo que lejos de la desilusión y la desesperación vemos esta coyuntura como una oportunidad para poder incidir con más fuerza en el curso de la historia, ni en las épocas de Lenin y Trotsky se veía tan tambaleante la estructura económica social capitalista y la clase que lo perpetua, claro está, que este tambaleo va a llevar a las acciones más fascistas para no perder el poder. El mayor problema es que toma a la humanidad con algo de destiempo para empezar a salir de la crisis de dirección y dotarse de cabeza para poder enfrentar a la burguesía imperialista parasitaria y decadente, pero la historia no está escrita y no creemos tampoco en las posturas del “fin de la historia” o aquellas apocalípticas que niegan el papel activo del ser humano.


                Ahora bien, construir dirección socialista revolucionaria no se hace bajo un abstracto, pasa primero por superar las corrientes que hoy se colocan por “fuera del planeta” y no defienden al gobierno Cubano, a Maduro, no hacen unidad de acción con el gobierno iraní o no reconocen a la resistencia palestina: Hamas, así como también a aquellas que se pierden planteando que China y Rusia son socialistas, que alaban el mundo “multipolar”, que aún plantean que es posible derrocar al capitalismo desde la vía electoral, que tienen confianza en la democracia burguesa, que todavía confían en el derecho burgués. El planteo socialista revolucionario tiene que reconocer primero que hoy es una fuerza mínima y segundo, que ocupa dotarse de una organización y propuestas coherentes para poder incidir en la realidad.


                En conclusión, estamos en un momento al decir de Lenin, donde los de arriba no pueden por la propia crisis sistémica y los de abajo no quieren, porque a pesar de la debilidad que muestra hoy la dirección del mundo capitalista no tiene su propia organización y no se plantea superar el sistema. Junto con Trotsky planteamos que hoy el principal problema de la humanidad es eso, no ha podido superar la derrota del siglo pasado y aún no logra construir el partido socialista revolucionario: empecemos desde abajo, pero ya, a construir los núcleos socialistas revolucionarios.

               

 
 
 

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